Ventana a Sancta Ovetensis

domingo 7 de junio de 2009


Esta noche hay una gran caballería

Y verás. Tengo una corteza de madera

Una pequeña asfixia por naturaleza

Tengo unas vistas a sancta ovetensis

Una poética nocturnidad, con alevosía

Una delicada criatura

Como un edificio gótico, de piedra tallada

Track1: Ad arcana (imperiosa, iluminada)

Como una ópera de luz

Y un escenario que emite poesía

Nessun Dorma, que está puesto en mi salón

Para elegir una camisa de mi armario

Cada mañana, Gracie Luziano!

La soledad no es complicada

(me quiero convencer)

Aria en Sol, de la Suite #3, la Gallega Soledad

Como esperaba, Carolina, no tardaría en suceder

“Noite sen lúa, a veira do mar

Noite que aúllo, por non esquecerte”

Porque no puedo olvidarte

En los días de lluvia, de los nudos Winsor

En las palmeras agitándose

Llega, llegó como gallega, como

tanto esperaba

Pero entallada, como una rosa de Arimathea

Ofreciéndome un frasquito de agua bonita

Sobre esta ventana hacia sancta ovetensis.

Porque un abrazo es una canción de cuna

En las noches de Haro, en Los Agustinos

Trotaban mis manos

Sobre el teclado de mi portátil

Se parece a una tremenda caballería

Track2: Brothers, de Hans Zimmer

Mientras contemplo el cielo estrellado

La opera nocturna

Las torres, de piedra gótica florida

Iluminadas

Con mi camisa, mi traje sin americana

En la acera del buen gusto

Preguntándome porqué no estás aquí





La máquina del tiempo

sábado 28 de marzo de 2009



Me hubiera enrojecido, seguro, la señorita “sans coiffer” que no salía a su palidez, sino que arañaba mi copa de Port Ellen en el último local abierto de Helpless Road, madrugada.
- “Hasta tal punto he abusado de mi máquina del tiempo”
le decía con los ojos encharcados, borrachos, y envenenados de pérdida.
Y son varias las anécdotas, Carolina, que a lo largo han sucedido;
En el Harry´s de New York, entre modas y tintero, barajas y peonzas, mis bocetos sobre el tiempo fueron burla hasta inventar el Bloody Mary,
entre un puñado de periodistas rácanos y sin filtro, que no me creían.
- ¿Sabes? tenían razón, aún no he inventado olvidarte.
Hace personas que no te veo, Beaton me comentaba, y hemos sido el cámara, de musas como Marilyn Monroe, como sombras que he aprendido a ver pasar de largo.
- “Búscala de nuevo, viejo perdedor, arregla tu maldita máquina”,
Pierdo el rumbo, pierdo el rumbo hacia otro mapa.
21 de noviembre, fue un Pierce Arrow muy ruidoso, del año 34, el que aparcó frente a la sede, el mariscal Von Leeb, con uniforme gris, y un paso acelerado, sube las escaleras, su joven chofer, no le acompaña.
Y después de haber buscado, me despierto irreflexivo.
Sentidos, que cobran juicio sin cordura, sentado en una mesa del Folies Belgère,
donde supe bailabas, con un tipo de acento.
Solteros, para un tipo de cortinas, ligueros y al final, convergemos.
No he dejado de aplaudirte, Carolina, te había visto imitando a Gloria Swanson pero, marcando el pintalabios, en la boquilla tono pastel de tu cigarro benson sin humo y dejando sobre el escenario, con un beso tu mas bella rosa violet carson.
La gente aplaudía, tu marido esperaba, y para no causar problemas, tu retrato me sirvió de posavasos, te quería, y me duele la derrota, Carolina, cuánto te quería.
Al salir me sentí arruinado.
Y salí a buscarte en otra época
Pero el cielo de South Tyrol, era cierto que es hermoso, muchos tenían razón y,
regentabas una tienda azul de ultramarinos.
Sobre el mostrador, un l`illustrazione con portada militar, una caja registradora de metal tallado, unos pinceles, y un timbre de campana antiguo para su uso, te imaginaba salir de la trastienda, estaba nervioso.
Pero entraste por la puerta y, quieras que no, con un “chiuso” vestido verde de encaje,
los dos, mirándonos. Natural, y sin maquillaje, con tus dos tirantes aflorados, con tus dos ojazos, allí mirándome.
- “En la lluvia, en la tormenta, siempre seguiré contigo.” Adiós Carolina.
Años mas tarde, me buscaban por agitador.
No eran buenos tiempos en las calles de Belgrado, estudiantes, policía, aquello fue un caos, no estoy seguro, pero entre vallas de publicidad tabacalera, lencería, manutención o simplemente grandes almacenes, me ha parecido distinguir tu rostro.
Todos esos momentos se perderán para siempre.
Ventanas emergentes, correos electrónicos, Dorian Crey era un cartero, hay un
champú por cada tipo de cabello, ya no quedan más islas desiertas,
apareces en el Messenger de mi lista de contactos,
nunca sabrás la verdad de nuestra historia, Carolina.
- “Búscala de nuevo, viejo perdedor, arregla tu maldita máquina”
La señorita “sans coiffer” que no salía a su palidez, que de nuevo se tomaba mi tercera copa de Port Ellen, en el último local abierto de Helpless Road, escuchaba estas historias.
No lograba escribirte nada, todas las sombras se alejaban de la luz del flexo,
no me sentía dueño de mi habitación, no conocía este dormitorio.
Tras la ventana, sobre el letrero de un abandonado Harry´s, en New York,
entre modas de peonzas, barajas y tinteros, discutiendo sobre el campo de la física,
sobre mi imposible máquina del tiempo.

Sabes que te espero

Sabes que te espero.
Te espero a pesar de que tú ya has resuelto tu vida,
te quiero aunque quererte sea la peor de mis heridas.

Te quiero, a pesar de que él te tiene.
Porque el amor que yo te tengo no nos mata,
y el amor que tu le das a veces duele.

Sabes que te espero.
Te esperaré, porque te quiero más allá de la vida,
porque he sufrido tanto que se van abriendo mas heridas.

Te mereces su disculpa, y él nunca la tuya, tu no te preocupes,
mira, por quererle, Dios no se invento la culpa.

Cuantas veces le has llorado, tus ojitos bautizarle,
que hacer daño nunca tuvo excusa, pero es su excusa la que vale…
¿Y quien te va a llorar a ti?, si te escuecen sus heridas,
bautizándole de lágrimas sufrirás mucho a escondidas.

Sabes que te espero.
Te espero a pesar de que nunca, nunca volverás conmigo,
porque sé que es desquiciante y... no se pensar en lo que digo.
Te esperaré, porque entonces sé entenderlo,
no me gusta preguntarte pero, sabes que te espero y aunque
pienses que es ridículo... te espero hasta entenderlo.

Sabes que te espero.

No puede ser, no puedo negar más tu existencia,
te quiero tener cerca porque a veces me doy cuenta...
Cuantas veces le has llorado, tus ojitos bautizarle,
que hacer daño nunca tuvo excusa, pero es su excusa la que vale…

¿y porqué él no te llora a ti?, si te escuecen sus heridas,
bautizándole de lagrimas, mojarás más tus mejillas.

Sabes que te espero.
Te espero a pesar de que tú ya has resuelto tu vida,
te quiero aunque quererte sea la peor de mis heridas.

La hora del ultimo sol



Amanece.

Dios existe porque aún amanece.

Porque no estás no hay nada.

Las olas han perdido su horizonte.

Nadie te ha visto llover por encima del sol.

Nadie te ha visto desde entonces.

El tiempo es demasiado largo para aquellos que esperan.

La vida es demasiado corta para aquellos que no olvidan.

Amanece.

Y tu calle declara.

Es la hora del ultimo sol.

Y todos los cuervos estábamos solos.

Estábamos todos.

Sobre el poste de teléfono.

Allí colgados, mojándonos todos.

Me reconoces, sonríes, aún amanece.

Nadie te ha visto llover por encima del sol.

Hoy no te he visto desde entonces.

No me quedan más palabras.

Rimas sin acierto, poesía.

Te mando un adiós de agua.

Con un millón de razones y de tonterías.

Amanece.

Dios existe porque aún amanece.

Porque no estás, no hay nada.

Todos los cuervos estábamos solos.

Allí colgados, sobre el poste de teléfono.

Me reconoces, sonríes, y al fin tengo permiso.

Entonces, nos miramos como gigantes.

Sosteniendo una bombilla que tirita.

Los campos se extienden y los gigantes alumbran.

A veces sobre los postes.

Es la hora del último sol.

Y vuelve a llover por encima de los cuervos.

Amanece.
Estabamos solos.



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